sábado, 13 de mayo de 2017

EL CINE ES ELECTRICIDAD

(texto de la ponencia del Simposio  La electrificaciòn y el territorio celebrado en Barcelona y Tremp entre el 8 y el 12 de mayo)   

Es una verdad tan obvia, que casi da vergüenza enunciarla: el cine existe porque existe la electricidad. Es cierto que las primeras máquinas eran manuales y se iluminaban con gas, pero si el cine llegó a ser el espectáculo por excelencia del siglo XX, fue gracias a la electricidad.
Dejando de lado las relaciones técnicas indispensables, se pueden establecer muchas líneas argumentales entre cine y electricidad. Historias que nos cuentan como el hombre ha ido conquistando la naturaleza para conseguir dominar las tinieblas, tener luz en definitiva.

Thomas A. Edison en el cine
El primer vínculo surge con los biopics de Thomas A. Edison, uno de los inventores indiscutibles de la electricidad. A él le debemos, entre otras cosas, el invento de las bombillas que cambiaron la vida de la gente. Edison fue también uno de los padres del cine con sus famosos aparatos Kinetoscopios. 
            En 1940, nueve años después de su muerte, Hollywood se propuso hacer un homenaje al inventor norteamericano más importante para la industria del cine. Se planteó un díptico que abarcaría la vida entera de Edison. El primero, El joven Edison, dirigido por Norman Taurog, estaba protagonizado por un jovencísimo Mickey Rooney y contaba cómo, desde niño, Edison tuvo la curiosidad de experimentar con todo lo que tenía cerca, la dificultad de registrar su primera patente, la imaginación en el juego de espejos que se inventó para ayudar en una operación que sufrió su madre. El guión, igual que el de la continuación, Edison el hombre de Clarence Brown, estaba escrito por Hugo Butler, uno de los mejores guionistas de la época, hombre de izquierdas perseguido durante la lamentable caza de brujas del senador McCarthy.
            En Edison el hombre, Spencer Tracy asume el papel de un anciano Thomas Edison, que desde sus 82 años recuerda en distintos flashbacks los momentos más importantes de su vida, su llegada a Nueva York con 22 años y sus primeras dificultades y logros como inventor.
            Thomas A. Edison tuvo una aparición gloriosa en un capítulo de los Simpsons titulado The Wizard of Evergreen Terrace donde el espíritu del inventor intenta que Homer no le robe sus inventos.
            El cine en realidad tiene una deuda pendiente con este personaje fundamental en la historia de la humanidad y del propio cine. Hace años que se habla de un proyecto que nunca acaba de cuajar. El último en tenerlo en sus manos ha sido J.J. Abrams, el genio creador de Perdidos o Fringe. El guión se titula Menlo Park por ser el lugar donde Edison vivió y desarrolló la mayor parte de sus inventos.
            Otro proyecto sobre la figura del famoso inventor está en manos de Ben Stiller, en este caso, la historia se centraría, según un anuncio promocional, en “los acontecimientos conocidos como la "Guerra de las corrientes", que tuvieron lugar a finales de la década de 1880 y que enfrentaron a Edison y Westinghouse por hacerse con el control y dominio del mercado de la generación y distribución de energía eléctrica. Una lucha sin cuartel en la que Edison defendía la corriente continua, mientras que Westinghouse defendía las bondades de la corriente alterna.” Tanto uno como otro, están aún lejos de convertirse en realidad.

La electricidad es magia
La electricidad tiene algo (mucho) de magia. Por eso está ligada a los espectáculos de magia. O al menos es lo que cuenta una interesantísima película de Christopher Nolan titulada El truco final, /The Prestige, realizada el 2006 con Hugh Jackman y Christian Bale como dos magos rivales que buscan en la luz y los efectos mágicos que produce los trucos más espectaculares de su carrera. Magia, sin duda, magia que atrae a los magos del film de Nolan y hacen de Nikola Tesla en los rasgos de David Bowie, el auténtico protagonista de El truco final. (1).        
            Electricidad y magia, electricidad y vida, electricidad y cine. De esta triple combinación nace el Frankenstein, de James Whale, realizado en 1931. La electricidad como creadora de vida. La novela gótico/ fantástica de Mary Shelley, publicada en 1818, se convirtió en la película de Whale en un relato donde la electricidad era el motor de la creación de la vida. El doctor Frankenstein de alguna manera era una mezcla franksteniana de Edison y Tesla con el creador retador de Dios de la novela original.

Apagones y peligros
La electricidad, la luz, el magnetismo, todo se vivía como un avance, como una mirada al futuro que iba a solucionar los problemas del mundo. Pero llegó la segunda guerra mundial, llegó la bomba atómica, y llegó el miedo. Y el cine lo reflejó en las muchas películas de ciencia ficción que en los años cincuenta llenaron las pantallas y la imaginación. De todas esas películas, una me interesa en particular por su relación con el tema de la luz: Ultimátum a la tierra, de Robert Wise, 1951. El mundo está enfrentado en una carrera hacia la destrucción cuando aterriza en la Tierra una nave espacial. De ella sale un extraterrestre llamado Klaatu. Trae una advertencia: o los humanos deciden dejar de jugar con el planeta o se producirá… un apagón mundial. La Tierra se quedará sin luz, volverá a las tinieblas del pasado. Lo interesante aquí es que la amenaza sea la de dejar a la humanidad a oscuras. Prueba mas que evidente de que la luz es ya un elemento fundamental para la existencia.
            De apagones y sus consecuencias si que hay mucha filmografía. Tan solo voy a recordar aquí algunos títulos: Blackout, de Eddie Matalon, 1978, que cuenta el gran apagón de Nueva York sucedido el 13 de julio de 1977. Ese mismo espacio y tiempo se recrea en un episodio de una de las mas recientes series, The Get Down. No era el primer gran apagón de la ciudad que ya sufrió un misterioso blackout en 1965. Y aun tendría que vivir un nuevo fin del mundo en agosto del 2003. Sin luz no hay civilización. Es evidente y por si no nos lo creíamos, la serie producida por J.J. Abrams en el 2012, Revolution, lo deja muy claro. El hombre, sus inventos y su soberbia, le lleva a provocar un apagón mundial. Se acabó la luz, se acabó la electricidad, se acabó la civilización. Hay que empezar de nuevo, de cero. Hacer la revolución. Y lo primero que hay que hacer, es poner en marcha de nuevo las centrales hidroeléctricas, térmicas y nucleares.
            Pero los peligros de la energía son múltiples y muchas veces son producto de la ambición o la ineficacia de los gobiernos. Hay ejemplos terribles en los últimos años. El trágico accidente en la planta de energía atómica de Chernóbil en Ucrania el 26 de abril de 1986 queda recogido en La Zona  (regreso a Chernóbil) 2006, un estremecedor documental de Carlos Rodríguez o en Land of Oblivion, de Michale Boganim, 2011, una de las pocas ficciones  que hay sobre el espantoso accidente de Chernóbil. La segunda gran catástrofe natural/nuclear, el terremoto y el posterior tsunami que destruyó la central nuclear japonesa de Fukushima el 11 de marzo del 2011, todavía no ha generado ninguna película importante. Está demasiado cerca como para que se pueda hablar de ella sin miedo. Sí hay una película japonesa del 2014, Ieji/, Camino a casa, de Nao Kubota, que no ha llegado a estrenarse fuera de Japón. Pero si no hay películas directas si las hay indirectas. El renacer del monstruo Godzilla en recientes entregas post Fukushima, está claramente relacionado con el miedo generado por el accidente. Y mas cerca, en nuestro propio país, la serie de Movistar La zona, dirigida por los hermanos Sánchez Cabezudo, traslada a Asturias un accidente muy parecido al de la central japonesa. También en Asturias se sitúa el film Cenizas del cielo, de  José Antonio Quirós, 2008, que denuncia los peligros ambientales, naturales y sociales de vivir en la cercanía de una central térmica que está llegando al final de sus días.

La energía es vida
Volvamos a lo positivo, volvamos a la energía y a la vida. Volvamos a disfrutar del progreso con una película experimental y documental, un film musical y eléctrico. Berlín, sinfonía de una ciudad, de Walter Ruttman, rodada en 1927. Un día en la vida de la gran ciudad que en plena República de Weimar vive y se agita de la mañana a la noche con un ritmo frenético: máquinas, trenes, metros, tranvías, ascensores, luces, luces y luces por todas partes. La electricidad es la savia de esta urbe que empieza a superar una guerra mientras se prepara para otra.
            Y por fin llegamos a la pregunta fundamental, la que ha puesto en marcha este texto: ¿de dónde viene la electricidad? De las centrales nucleares, de las centrales térmicas, de las centrales hidroeléctricas. Es decir, de los pantanos. Sin ellos no se podría abastecer a las grandes ciudades de los kilowatios que necesita para iluminarse. Son imprescindibles, son necesarios. Pero no tienen buena prensa. En los primero años del siglo XXI, ha surgido un nuevo ecoterrorismo que promulga acabar con la electricidad. Night Moves, de Kelly Reichardt, donde se prepara un atentado contra una central hidroeléctrica y un pantano, es un buen ejemplo de esta tendencia.
            Los pantanos no siempre han estado mal vistos. En Wild River, un film de 1960 de Elia Kazan, con Montgomery Clift, la construcción de una presa se plantea como progreso. Estamos en 1930, se va a construir una central hidroeléctrica en los valles del Tennessee. Los habitantes se resisten a dejar sus casas. El ingeniero jefe tiene que convencerlos de que es lo mejor para todos. Mas o menos es la misma historia de un impresionante film soviético, Adios a Matiora de Elem  Klimov, 1983. Pero aquí, la presa se presenta como un enemigo despiadado de la tradición y la cultura. En  Las huellas borradas, Enrique Gabriel, 1999 teje una ficción sobre el desastre del Embalse de Riaño en las montañas de León, un proyecto que se arrastró durante más de setenta años y que concluyó en 1987, unos días antes de que una directiva europea protegiera el medioambiente, el paisaje y la naturaleza de abusos como este. El año pasado Laura Espinosa y Mario Santos realizaron un documental titulado Mi valle, donde recogen testimonios de habitantes del valle treinta años después de su desaparición.
Por suerte en Europa hay actualmente directivas y leyes que intentan controlar los desastres ecológicos que se perpetran en nombre de un supuesto progreso que enmascara el más puro interés de las multinacionales que mueven y controlan el  mundo.
            Pero estas reglas europeas no rigen para el inmenso gigante asiático. China no atiende a razones, no le importa el futuro y mucho menos el pasado. Los chinos solo saben que hay que iluminar sus inmensos hormigueros humanos y si para eso tienen que alterar el equilibrio del planeta, lo alteran. La construcción de la planta hidroeléctrica de las Tres Gargantas en el rio Yang Tse, es la prueba. Proyecto estrella del Gran Timonel Mao Tse Tung, no comenzó a trabajarse en ella hasta el año 1994. Diecisiete años después, se terminaba de construir: dos millones de personas tuvieron que ser realojadas, se destruyeron vestigios arqueológicos de hace 3000 años, se anegaron 19 ciudades y 322 pueblos. Una superficie de 630 km2 quedó completamente bajo las aguas. De todo esto habla el impresionante film Naturaleza muerta, de Jia Zhang ke, rodado en el año 2006 en los escenarios naturales y brutales de la destrucción de las ciudades que iban a desaparecer. Dos historias paralelas se desarrollan en el film, por un lado un hombre que busca a su mujer y a su hija; por otro lado una joven que busca a su marido. El espacio es el de la ruina y la demolición, la naturaleza muerta de los márgenes del rio en las cercanías de la construcción de la gran presa. Cine de imágenes, de documentos visuales que  engarzados en un montaje dan sentido a una historia. Naturaleza muerta es un testimonio de lo que ya no existe. Una prueba de los no lugares que salen volando al espacio como ovnis involuntarios. Realidad y ficción, historias simples, gentes sencillas.  Y un mundo en transformación.

(1)   Copio aquí lo que dice la Wikipedia sobre Nikola Tesla. Ya sé que no es muy científico, pero no soy una experta en electricidad, así que me fio de lo que allí se dice: “Nikola Tesla, Croacia 1856, Nueva York, 1943, fue un inventoringeniero mecánicoingeniero eléctrico y físico de origen serbio. Se le conoce sobre todo por sus numerosas invenciones en el campo del electromagnetismo, desarrolladas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Las patentes de Tesla y su trabajo teórico ayudaron a forjar las bases de los sistemas modernos para el uso de la energía eléctrica por corriente alterna (CA), incluyendo el sistema polifásico de distribución eléctrica y el motor de corriente alterna, que contribuyeron al surgimiento de la Segunda Revolución Industrial. En 1882 ingresó en la Continental Edison Company en Francia para diseñar y mejorar equipos eléctricos. En junio de 1884, se trasladó a la ciudad de Nueva York donde fue contratado por Thomas A. Edison para trabajar en Edison Machine Works.”

Películas citadas
Young Tom Edison/El joven Edison, Norman Taurog, 1940
Edison: The Man/Edison el hombre, Clarence Brown, 1940
The Wizard of Evergreen Terrace, episodio 3, temporada 10 de los Simpson, 1998
The Prestige/El truco final, Christopher Nolan,  2006
Frankenstein, James Whale, 1931
The Day the Earth Stood Still/Ultimátum a la tierra, Robert Wise, 1951
Blackout, Eddie Matalon, 1978,
The Get Down, episodio 3, temporada 1, 2016.
Revolution, JJ. Abrams, 2012
La Zona (o La Zona (regreso a Chernóbil) Carlos Rodríguez, 2006
Land of Oblivion, Michale Boganim, 2011
Ieji, Camino a casa, de Nao Kubota, 2014
Cenizas del cielo, José Antonio Quirós, 2008
Berlín: Die Sinfonie der Grosstadt/Berlín, sinfonía de una ciudad, Walter Ruttman, 1927
Night Moves, Kelly Reichardt, 2013
Wild River, Elia Kazan, 1960
Adios a Matiora, Elem  Klimov, 1983
Las huellas borradas, Enrique Gabriel, 1999 
Mi valle, documental de Laura Espinosa y Mario Santos, 2016
Naturaleza muerta, Jia Zhang ke, 2006





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sábado, 2 de julio de 2016

MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN

SOLITARIOS, DESPLAZADOS, EXTRAÑOS

“Hay que hacer extrañas las cosas cotidianas y cotidianas las extrañas” Carlos Marx citado por Gutiérrez Aragón.

Esta frase de Marx, que he visto decir a Manolo Gutiérrez Aragón varias veces, me parece que enmarca no solo el tema de esta conferencia, sino todo su cine y casi, casi, su misma persona.

Solitarios, Desplazados, Extraños. Ese es el título de la charla que me propuso Manuel Hidalgo. No hay duda de que es muy atractivo, pero ha resultado ser muy complicado porque en la filmografía de Gutiérrez Aragón TODOS y este todos lo pongo con mayúsculas, son solitarios, desplazados y extraños. Las tres cosas juntas, o de dos en dos, o una sola, pero nunca son lo que se entiende por normales.
Cuando empecé a revisar sus películas, trabajo apasionante que me ha llevado a recordar las que hacía tiempo no había visto y a disfrutar de nuevo con sus historias, me di cuenta de dos cosas. Una que me iba a ser difícil estructurar la conferencia; dos que si todos sus personajes, sus paisajes, sus situaciones, sus cuentos, eran tan especiales, debía ser por algo. Y entonces lo vi claro: el más solitario, desplazado y extraño de todos era él mismo. Y para confirmar esta idea, me bastó con releer el último párrafo de su tercera novela, Cuando el frío llegue al corazón:

Debía dar la vuelta si quería regresar a Vega, donde me aguardaban.
-Esperadme, amigos. Tengo ganas de estar con vosotros, de música y baile, de alegría.
Pero seguí paseando en dirección contraria.

Voló un pájaro rezagado y empezaron a oírse los sonidos incomprensibles de la noche. Avisos y llamadas.
No di marcha atrás, proseguí, continué.
Y continúo.

Y continúa.                                 
Así que, sin entrar en una biografía si que voy a destacar los rasgos que en su vida dan un poco, solo un poco, que para eso es extraño, las claves de sus personajes.

Gutiérrez Aragón es:
Solitario, a pesar de trabajar casi siempre en colaboración.
Desplazado, nunca ha dejado de ser un hombre del norte en el centro.
Extraño, él y su cine han sido siempre objetos no identificados en el panorama español.

¿Solitario? Se preguntarán los que le conocen y saben que siempre ha trabajado en colaboración, que el cine es una labor de equipo y que además es una persona sociable, amable y curiosa. Pues si, a pesar de todo esto, GA es un hombre solitario. Con una tendencia desde pequeño a no involucrarse demasiado. Quizás más que solitario, debería utilizar el adjetivo, Observador. A GA le gusta mirar a su alrededor y no tomar demasiado partido. Ni siquiera, ahora que sale la palabra partido, cuando era miembro activo del Partido Comunista de España, en el que militó por entender que había que cambiar las cosas, pero en el que siempre fue un poco outsider.
Solitario también y desplazado porque desde los seis hasta los veinte años vivió separado de sus cinco hermanos pequeños, en otra casa. Primero por la enfermedad que le convirtió en un niño aislado en medio de un mundo de adultos, cuidado por las chachas que le contaban historias de fantasmas y de maquis en casa de una tía con la que se quedó a vivir mucho tiempo. “Siempre he sido un huésped en casa de otros”, explica en sus múltiples entrevistas. Lo de ser un desplazado le viene de herencia, ya que sus abuelos eran cubanos (su abuela al menos) instalados en el frío norte de España donde suspiraban por el sol, la arena y el mar azul claro del Caribe mirando el azul cobalto del Cantábrico.
El norte le ha condicionado, el norte lluvioso, de nieblas, de bosques, de hadas y duendes. “Pienso que hay una cultura del norte, que es distinta en este mosaico que es España. La fachada cantábrica nos hace tener un temperamento distinto”, afirmaba cuando quería explicar el porqué de su cine. Y añadía una frase de Pilar Miró con la que se sentía muy identificado: “30 años esperando a ser europeos y ahora resulta que somos mediterráneos.” No, él nunca ha sido mediterráneo. El mediterráneo, implica luz, sol, vida al aire libre, griegos y romanos. El viene de un mundo celta, de druidas, de fuegos en el hogar alrededor del cual contar cuentos de miedo. El paisaje condiciona tanto como las personas. O más.
Para el joven Manolo, la provincia era oscura, lluviosa y negra. "Cuando llegué a la adolescencia estuve callado casi un año. Mi familia pensaba que me estaba volviendo loco, o tonto. Había sido un alumno brillante y ahora no podía comunicarme. Fue espantoso. Simplemente, no me decidía a pronunciar las primeras palabras, a romper el silencio. Supongo que es un fenómeno que aparece en la adolescencia y luego se pasa. Bueno, a mí no se me ha pasado del todo. No es extraño, pues, que mi primer filme fuera Habla, mudita". Tampoco es extraño que años después hiciera una película, Malaventura, donde el protagonista se queda callado frente al dibujo del fondo de un plato.

Está claro que necesitaba salir de allí. Y se fue a Madrid.
Y en Madrid, sumó a la condición de solitario y desplazado, la de extraño. Matriculado en Filosofía y Letras de cara a sus padres, empezó a estudiar casi en secreto en la Escuela Oficial de Cine. Criado en una familia conservadora, se metió en política en la clandestinidad. Pero si nunca fue un perfecto niño conservador y católico, tampoco fue nunca un miembro obediente del PCE. Iba por libre, como buen solitario. Era heterodoxo, como buen desplazado. Siempre se sintió fuera de lugar. “Cuando llegué a Madrid”, contaba, “me matriculé en Filosofía y Letras porque me gustaba escribir. La universidad era un hervidero político. Ingresé en el PCE. En esa época éramos pocos y muy mal vistos, cabíamos todos en la misma mesa. Yo lo hice por deber moral, pero en cuanto se legalizó el partido en 1977, me fui porque el deber moral había desaparecido. Siempre fui un infiltrado: en la escuela de cine porque quería ser escritor, en la facultad de letras, porque estudiaba cine. Siempre he estado donde no se debe”. En Filosofía, era el del cine, en la Escuela, era el escritor, en todas partes sospechoso para sus compañeros. No hay duda de que de esta permanente contradicción nacen muchas de sus historias de personajes que están donde no deben estar y hacen lo que no tienen que hacer.
Contradicciones: por ejemplo, le gustaba mas la literatura alemana, Thomas Mann, que la francesa, Marcel Proust; por ejemplo le gustaba mas el cine de John Ford, aunque se sentía mas cerca de Jean Renoir; por ejemplo, leía con mas interés Film Ideal que Nuestro Cine. Empezaba ya a moverse en el terreno fronterizo de los placeres solitarios: la pintura, el cine, la música, la lectura. El realismo fronterizo de las ideas que le ha llevado a desembocar, ahora que se supone ha dejado el cine, en la escritura de novelas, cerrando un círculo casi perfecto. Manolo el director de cine, un extraño entre los novelistas, Manolo el escritor de novelas, un extraño entre los cineastas.

Ya hemos establecido que era solitario, desplazado y extraño. Estas tres condiciones se podían ver compensadas por, los amigos, los maestros, los colaboradores. Pero un raro, tiende a rodearse de raros.

Primer raro
José Luis Borau. El maestro
Borau era profesor en la Escuela de Cine. Un profesor raro. Siempre enfadado. Muy duro con sus alumnos, pero con una intuición increíble para descubrir potenciales. Aunque te suspendiera. Como fue el caso de GA. Borau no encaja en ninguna definición. Ni su vida, ni su cine. Ni como persona, ni como cineasta. ¿Le puede sorprender a alguien que el joven cántabro y el maestro aragonés se hicieran amigos en sus peleas y discusiones? De estas peleas salió una película extraña, no, extrañísima, Furtivos, escrita por los dos, dirigida por Borau, interpretada por Ovidi Montllor, el alimañero, el primer solitario de su filmografía. La amistad siguió con sus discusiones. Y apareció Camada negra. Y siguió en el tiempo, hasta llegar al juez Alcántara de Malaventura, un juez que solo podía ser Borau. Borau, que cuida mucho que la raya de su pantalón no se pierda y que es el único que puede hablar sin acento andaluz y además no tiene que sudar. Borau creía que era un error de casting que Manolo le hubiera elegido para ese personaje, pero no. Su extrañeza de desplazado incluso físicamente, con su envergadura recorriendo la noche sevillana, llena el personaje de una ambigüedad muy propia. Y además ¿no es el único padre posible para Rocío/Iciar Bollaín, una de las actrices que mejor ha entendido su mundo y su narrativa?

Segundo raro
Luis Megino. El amigo
Manolo Gutiérrez y Luis Megino se conocieron en la Escuela de Cine. Se hicieron amigos. Aunque tardaron en trabajar juntos y solos, Megino ya estaba en la trastienda de las colaboraciones con Borau  y en la primera película de Manolo, Habla mudita. Pero ¿era raro Megino? Si. Era solitario, tanto o más que Manolo, quizás por haber sido también un niño enfermo. "Un día", cuenta Megino, "empezamos a hablar en grupo de las neurosis que afectan a nuestra generación, y se me ocurrió preguntar cuántos, entre los presentes, habían sido niños enfermos entre los cinco y los diez años. Salieron un montón, aparte de Manolo y yo mismo. ¿Y qué hace un niño enfermo, condenado a la inmovilidad, sino observar lo que ocurre a su alrededor?". Luis era también un desplazado, no por venir del norte a Madrid, donde había nacido, sino precisamente por todo lo contrario, por estar suspirando por el norte donde finalmente ha acabado viviendo: Berlín en invierno, siempre en un hotel; Asturias en verano. Extraño. Bueno, eso es más relativo, pero si tenemos en cuenta que Megino sostiene que la película que mas le gusta de las que han hecho juntos es El corazón del bosque, entendemos que un poco extraño si es. Megino está detrás de todas las películas de Manolo Gutiérrez entre 1979 y 1988: Sonámbulos, El corazón del bosque, Maravillas, La noche más hermosa, Demonios en el jardín, La mitad del cielo, Malaventura. Y vinculado a Megino hemos de hablar de otro personaje outsider que estuvo muy cerca de los dos en una época. Iván Zulueta, autor de los preciosos carteles de Camada negra, Sonámbulos, El corazón del bosque, Maravillas, Demonios en el jardín.

Hasta aquí, la vida real, o la realidad: es decir, él. Para entrar en materia del tema de la charla, voy a empezar por algo que es intangible. El paisaje. Porque el paisaje también puede ser solitario y extraño. Desplazado es más difícil, pero a veces incluso es un paisaje desplazado en el cine de este hombre que mira la naturaleza como un espacio vivo con sus propias reglas.

Antes de seguir una aclaración: paisaje no es sinónimo de naturaleza. El paisaje puede ser natural o urbano. Una ciudad es también paisaje. Así que vamos a hablar primero de
PAISAJES naturales, o ambientes rurales.
"Habla, mudita, mi primera película, y La vida que te espera, una de las últimas, se desarrollan en un ambiente rural. Aunque vengo de un mundo urbano, el rural ha sido fundamental en mi vida. Siempre me resultó más plástico el ambiente rural que el urbano porque permite aislar a los personajes de un ambiente cotidiano y ordinario. Lo mítico está en los montes y prados donde se puede poner más fantasía". Más claro el agua de los ríos que también circulan por su cine. Las montañas y los bosques enmarcan sus historias. Las montañas de Los Picos de Europa donde rodó con grandes dificultades Habla mudita antes de aprender que “puedes hacer un bosque con unas ramas y una sábana”.
La montaña es el espacio de la mudita y su hermano y el último carabó, y la abuela que hace sopas. Las montañas de La vida que te espera, son un poco diferentes, son menos salvajes, mas antropológicas. En estas montañas pasiegas se cuenta el cuento de un padre bueno que parece malo, de dos hijas que se quieren, de un ogro malvado y un príncipe que salvará a la bella durmiente. La montaña está atravesada por un túnel que conecta dos mundos, el territorio del cuento y el territorio de la realidad.
El bosque fantasmagórico, soñado, con su propio lenguaje y sus propias claves, es el centro, el corazón, donde se esconde el Andarín. “El bosque”, dice GA, “es un acertijo, un lugar extraño, un laberinto. Un bosque donde vive la bruja y el ogro. Un bosque que destruye, da de comer y aniquila”. El bosque es solitario, el bosque es extraño.  Un bosque es también un espacio de transformación. En el bosque está el árbol sincrético de las religiones antiguas y las nuevas de Feroz. También está en el bosque la cueva y el rio donde se produce la alquimia entre hombre y oso. En el bosque se aparece la virgen a los visionarios convirtiendo un espacio de placer y transgresión (José y su novia buscan el bosque para hacer el amor) en un espacio de milagro. El bosque está ahí al lado de la civilización, tocando, rozando otra realidad. En ese sentido es a veces un bosque desplazado que se retrae, se esconde ante el avance de los coches, de los cazadores, los incrédulos. Pero el paisaje puede no ser mágico cuando la historia lo pide, o mejor dicho mágico de otra manera. En El rey del río, el agua que corre es algo más que un rio, es el lugar donde vive el famoso pez que representa el poder, la supremacía. Es también el lugar donde acabar con la racionalidad: César deja que el psicoanalista se ahogue en el rio sin ningún remordimiento.
Hay una película que simboliza como ninguna otra la extrañeza de los paisajes: La mitad del cielo. En realidad esta película que se sitúa prácticamente en el centro de su filmografía es la que sirve de engarce de paisajes y espacios y personajes. Empieza en el norte, en una zona  rural; hay una abuela que camina con zuecos y guarda la sabiduría de los tiempos remotos, una maga que simboliza la vida, ella es la fuente del agua que alimenta, es el fantasma salido del bosque que lleva un soplo de esa oscuridad a una ciudad que está en la frontera y se desplaza de lo antiguo a lo moderno. La mitad del cielo es sin duda una película referencial que nos sirve para enlazar con los

PAISAJES urbanos, pueblos y ciudades
Casi la mitad de sus películas son rurales, la otra mitad urbanas. Claro que urbano no quiere decir solo ciudad. Urbano es todo el espacio habitado. Un pueblo es urbano. Es urbano el pueblo imaginado donde el niño Juanito contempla el mundo desde su cama de enfermo en Demonios en el jardín; es urbano ese extraño pueblo sin personalidad donde el maestro conoce a Pablo antes de convertirse en oso en Feroz; es urbano el pueblo escondido donde Rosa conoce al afilador en La mitad del cielo; es urbano el pueblo refugio donde bailan Val y Rai, en La vida que te espera. Los pueblos no son solo pueblos, las ciudades no son solo ciudades en una filmografía como la suya que está siempre en la frontera. Pero, ¿puede una ciudad, un pueblo, ser solitario, extraño, desplazado? Si. Puede. Todo depende de cómo se use, de cómo se mire.
Madrid por ejemplo. Madrid es el espacio de la acción de seis de sus películas.
Veamos si es solitario:
En Camada negra nos enfrentamos a un Madrid desnudo, un Madrid de extrarradio habitado por personajes aislados. Un Madrid de cuento, donde hay un castillo encantado dominado por una bruja malvada en el que vive la camada de lobos bajo el mando de una madre dominante, un castillo fantástico lleno de animales que protagonizan el momento más extraño de la película la noche en que se quedan sueltos por sus jardines y habitaciones. Un Madrid de frontera con un campo cercano y anodino, sin alma, un espacio perfecto para un asesinato sin sentido.

En La noche más hermosa, encontramos un Madrid inventado, pintado como un forillo en el que nadie es lo que parece y todos son solitarios perdidos en sus decorados, buscando en el cielo la posibilidad de vivir una noche más hermosa.

Veamos si Madrid es extraño. Si, y mucho, en Sonámbulos. Toda esta película es extraña, y el Madrid que se evoca, no tanto el que se ve, es el de una pesadilla poblada de fantasmas y duendes: la biblioteca, el teatro, la casa de la madre, el hospital. Madrid puede ser un lugar inesperado en la memoria de Ana, la sonámbula que vive siempre al lado de un armario inquietante.

También encontramos un Madrid extraño, desplazado incluso, en Maravillas. Esa casa laberíntica que es un espacio misterioso y peligroso; esa azotea fantástica donde Maravillas tiene que superar la prueba sobre el abismo, “quien tiene miedo cae, quien es valiente llega a su destino”;  esas calles luminosas en las que los niños perdidos, que no marginados, encuentran las piedras que les guiarán en su viaje. Y sobre todo ese Madrid judío y teatral que aparece como si Maravillas/Alicia se hubiera escapado a través del espejo a un mundo donde las reglas están cambiadas. Maravillas es una película mágica y criptica, en la que la vida real no existe y todo pasa en el terreno de la imaginación. Los lugares son reales, pero lo que pasa es un sueño. Todos los personajes viven alguna forma de aislamiento, reclusión o incomunicación.

En La Mitad del cielo, como todo en esta película, el espacio urbano y el rural son  equidistantes en función de su protagonista “Película abstracta, La mitad del cielo es un ejercicio cinematográfico en el que la manera de narrar contradice y enriquece lo que se narra, provocando un equilibrio nuevo y sorprendente por su modernidad. Convierte lo oculto en evidente, lo indirecto en directo, y otorga así un revés poético a imágenes prosaicas” decía el director. Es cierto, Rosa es solitaria y sociable; Rosa está desplazada e integrada; Rosa es extraña y dominante. Madrid es el marco ideal para este personaje, uno de los más ricos de su filmografía. La mitad del cielo es el mejor ejemplo de la frase que encabeza esta conferencia: “Hay que hacer extrañas las cosas cotidianas y cotidianas las extrañas”.

Aun tenemos otro Madrid, el de Cosas que dejé en La Habana. No es un Madrid solitario, pero si es un Madrid desplazado que busca sustituir sus propios paisajes por la añoranza de La Habana y también es un Madrid extraño en el que los cubanos intentan encontrar su lugar.

Dos ciudades mas son importantes en el cine de Manuel Gutiérrez Aragón y a las dos se les puede dar los adjetivos de esta charla. Sevilla en Malaventura; San Sebastián en Visionarios y Todos estamos invitados.
Hacer de Sevilla, la ciudad de la luz y la alegría, un espacio de melancolía, de sensación de estar siempre donde no debes y de extrañeza ante el mundo, es algo que solo puede hacer alguien al que se le ocurre escribir un relato que se llama Sevilla en el fondo del mar. La tristeza y la alegría están muy cerca, rozándose, en esa Sevilla soñada en este film maldito y precioso.
San Sebastián representa la modernidad, la ligereza, la vida frente al mundo rural, cerrado, ancestral y milagroso de Visionarios. La función de la ciudad en este film es la de hacer evidente el desplazamiento de los valores tradicionales. En Todos estamos invitados, descubrimos otro San Sebastián, el del miedo, la cobardía, la intolerancia. Una ciudad que desplaza y aísla como apestados, a los que no encajan en sus márgenes. Una ciudad que convierte en extraños a todos: los justicieros y los justiciados.

SITUACIONES
Antes de adentrarnos en los personajes, me gustaría destacar una situación absolutamente cotidiana, normal e indispensable para la vida que en manos del cuentista GA se convierte casi siempre en extraña: comer.

En todas, o casi todas, sus películas, se come. Pero el acto de comer nunca forma parte de una cotidianidad asumida. No quiero que esto se convierta en una lista de comidas y películas, así que no especificaré en que film aparece cada comida, lo deducirán rápidamente, pero si la extraña situación en que se produce.

Las sopas espurriadas, son en realidad un conjuro mágico que prepara la abuela de la mudita para Ramiro, el editor, unas sopas de ajo asquerosas con propiedades mágicas.
Los callos, plato que detesta GA, es el símbolo de la domesticación y educación del cachorro de lobo fascista. Cuando Tatin sea capaz de comerse los callos estará preparado para matar.
Todos odian las lentejas, pero todos las comen pensando que a los otros les gustan. No hay nada más raro que comer lentejas en una biblioteca o cerca de un armario omnipresente que siempre está en el escenario donde se mueve Ana, la sonámbula.
Maravillas castiga a su padre de muchas maneras. Una, la más humillante para Fernando, es obligarle a comerse una pescadilla enroscada. Él se venga robando yogures, y compartiendo un huevo frito en una de las secuencias más surrealistas de todo su cine.
El niño enfermo es caprichoso, solo come lo que quiere. Es un pequeño tirano. La abuela, esa abuela que todo lo controla, que desprecia a sus hijos y a las mujeres de sus hijos, pero adora al nieto enfermo, le hace una tortilla de patatas que acaban comiéndose los miembros del coro que rodean al niño, el médico, el cura…
Un oso come cosas de oso: bayas, leche, nueces. Pero también comparte una taza de té. Todas las imágenes de Pablo, el oso, son impactantes en su extrañeza.
En un mundo de decorados, de publicidad, de falsedad, el dormido Federico se alimenta prácticamente de yogures. A lo mejor eso justifica su languidez y su cara de acelga.
GA detesta los callos es decir la tripería, los menudillos, y sin embargo hace que Rosa se convierta en dueña de un puesto de casquería en un rincón escondido del mercado, un rincón refugio, rodeada de comidas detestables.
No hay muchos peces en su cine, pero hay uno muy importante, el rey del rio, el salmón gigantesco que se cocina en los fuegos de la gran mansión y se comparte a pesar del mal que incuba.
Comer es un acto de solidaridad, de compañía, de compartir. Por eso los cubanos comen juntos ese guiso cubano, el ajiaco que simboliza un momento de nostalgia para unos, de vergüenza para otros (la tía, desplazada y extraña entre sus propias gentes).
Hacer una película en San Sebastián invita a hablar de sus hermandades de cocineros, de gustos atávicos y cerrados donde los hombres se reúnen para cocinar y comer juntos en un ritual ancestral, excluyente y amenazador.
He dejado para el final la leche y sus derivados, la nata, el queso. GA odia la nata y no le gusta la leche, y sin embargo, o a lo mejor por eso, la leche está en el centro de tres de sus películas emblemáticas. En el corazón del bosque, la leche y el pan son el hilo que une a Amparo con El Andarín; en La mitad del cielo, la nata untada en el pan es la huella de la abuela y su sabiduría; en La vida que te espera, la leche es el símbolo de la naturaleza, de lo vivo, de lo que cuenta. Vanessa, la vaca, es casi tan protagonista como Val y desde luego mucho más que Genia, la hermana pequeña que le pone música oriental mientras la ordeña para que de mas leche.


SOLITARIOS, EXTRAÑOS, DESPLAZADOS
Estoy a la mitad de esta charla y todavía no he hablado de los personajes. Creo que ya toca. Empezaba diciendo que me había sido difícil estructurar este texto porque es muy fácil caer en las listas. Intentaré evitarlo todo lo que pueda.

Si nos atenemos a la definición de solitario en el diccionario de la lengua, encontramos estas tres definiciones
1   Se aplica al lugar que está desierto o que no está 
habitado.
1      Se aplica a la persona, animal o cosa que está sola o que no tiene compañía. 
2      Se aplica a la persona a la que le gusta estar sin 
   compañía.
De las tres, la que mejor encaja con los solitarios de GA es la tercera: personas a las que les gusta estar sin compañía, incluso aunque estén rodeados de otras personas.

La definición de extraño nos da como resultado: De nación, familia o profesión distinta de la que se 
nombra.
Raro, singular.
Que es ajena a la naturaleza o condición de otra de la cual forma parte. 
Es evidente que la que cuadra mejor con sus personajes es la segunda: raro o singular.

En cuanto a desplazado
Se aplica a la persona que no se adapta a las condiciones 
en que vive o las circunstancias que la rodean.
 Inadaptado.
Las dos nos sirven para definir sus protagonistas, seres inadaptados a las circunstancias que viven.

Asi que empecemos por el principio:

Empecemos por Ramiro, el editor, un solitario. Aunque vive con su familia en un hermoso lugar, su vida no se interrelaciona con ellos en ningún momento. Ramiro habla solo para sí mismo. Nadie le escucha y él tampoco escucha a nadie. Cuando la niebla le envuelve y le hace perderse en el monte, sale ya en el territorio del cuento: el mundo de las vacas, la mudita. Ramiro es el último carabú del bosque. Ramiro también es un desplazado. Representa a esos intelectuales que no encuentran su sitio ni en la familia, ni en el monte, ni con su mujer ni con la mudita. Ramiro es extraño, un hombre de palabras que quiere que una chica muda hable. La mudita y su hermano no son solitarios ni desplazados, son extraños. Son seres al margen. Viven en la naturaleza, no tienen límites.


Tatin, el joven lobo de la camada negra es el personaje mas triste de todos los que ha escrito GA. Tatin es solitario porque los demás le hacen serlo, le marginan, le separan. Tatin es extraño porque no está integrado en el grupo. Es un desplazado en ese castillo gótico lleno de voces religiosas de un coro de desplazados. Por eso Tatin se siente atraído por Rosa, que es más una mujer sola que solitaria. Rosa no es extraña ni está desplazada. Rosa sabe muy bien cuál es su sitio: es la Blancanieves al revés, la princesa que se adentra en el castillo de los siete enanitos donde vive la bruja malvada para despertar al héroe dormido. Lo que no sabe Rosa es que cuando le despierte, la matará.

Ana es el personaje más solitario, extraño y desplazado de todo su cine, Sonámbulos es la película mas extraña y desplazada de toda su filmografía. Ana está enferma, se va a morir, pero antes, duerme y sueña, vive en el sonambulismo. Es una bella durmiente a la que no despierta nada, ni siquiera esa extraña carga de policías a caballo en la biblioteca. Ana es un juguete en manos del duende de los libros, el que abre la puerta de los cuentos y tiene las llaves del armario del espejo sin reflejos donde está el libro de todas las cosas y la llave del cajón de las sorpresas.

En el corazón del bosque todos están solos. Juan está solo frente a una naturaleza hostil, Juan se duerme en el bosque y cuando despierta ya no sabe dónde está. Juan está desplazado de su centro, el motor que le ha llevado hasta allí: matar al héroe herido, acabar con el mito. En ese mundo de fantasmas y de ensoñaciones, de nieblas y de misterios, solo Amparo conserva cierta carnalidad. Amparo existe, los demás son solo espectros.

Maravillas es, para mi, uno de sus mejores personajes. Maravillas no es solitaria, al contrario. Maravillas vive en red con los chicos de la calle y está conectada  a su padrino, Solomón. Maravillas no es extraña, ella entiende muy bien ese mundo en el que su padre si es un solitario y extraño y esta desplazado en el tiempo y en el espacio. Maravillas no está desplazada, conoce cuál es su sitio en la telaraña de relaciones que unen a los judíos, con los ladrones, a Chesman con Mortadelo y Filemón, a Pirri con Miqui. Maravillas es el centro de todo. Entonces, porque la coloco en esta enumeración. Porque toda la película merece los tres adjetivos. Maravillas es un planeta solitario en el universo GA; Maravillas es un film extraño en su filmografía, Maravillas es una película desplazada en el tiempo, como el personaje de Fernando, una película antigua y moderna a la vez. Maravillas es un sueño porque se vive como se sueña.

Demonios en el jardín es aparentemente la más normal de sus películas, la más narrativa. Y sin embargo encontramos en ella todo el repertorio de soledades, extrañezas y desplazamientos. Ángela, la primera. Ángela es solitaria, vive en una casa aislada con su hijo Juanito. Ana, la segunda, Ana es solitaria entre la gente. Vive con la familia pero en realidad no se relaciona con nadie, solo con Juanito.  Juan, el padre de Juanito, es un inadaptado y siempre está fuera de lugar: tanto en la casa, como en su trabajo de camarero del Generalísimo. Este es el triángulo que da cuerpo a este falso melodrama, “una típica historia de abismo de pasiones, eso tan habitual, y tan desgarrador, de que siempre te fijas en quien no te conviene” decía Luis Megino. Toda la historia está llena de situaciones extrañas: el toro irrumpiendo en la iglesia el día de la boda; la cama de los tesoros que se traslada a la tienda de comestibles o a la calle como una alfombra voladora en un cuento de las 1001 noches. Juanito es el punto central de esta nueva tela de araña tejida por la abuela castradora, implacable en su dominio de las dos madres de Juanito, Ángela, la verdadera, cariñosa, dulce, cálida, como un vaso de leche caliente; Ana, la sustituta, distante, tentadora, ardiente como un vaso de whisky. Entre las dos se mueve el alter ego de GA recordando su infancia de niño enfermo, de niño solitario, de niño desplazado, de niño extraño.

Si Demonios en el jardín es aparentemente la más normal de sus narraciones, Feroz es aparentemente la más extraña. ¿Qué puede haber más extraño que un oso que habla, que vive como un ser humano, que trabaja con un ordenador y quiere conducir un coche? Un oso enamorado que nunca ha dejado de ser un hombre encadenado. Pablo es un ser extraño y desplazado. Pero Pablo no es un solitario. Al contrario. Pablo/oso quiere estar con la gente, quiere compartir su vida con otros, quiere dejar de ser raro.  Y eso le hace aun más extraño. El que sí es un solitario es Luis, el maestro, el guía, el demiurgo de esa transformación, el hombre empeñado en domesticar a la fiera para poder controlarlo. La gran contradicción de esta película fallida y sin sentido es que siendo como es la más fantástica de su filmografía, es la más convencional en su realización. No hay misterio, no hay magia, no hay cuento. “Casi es la menos mágica de las mías. A pesar de que el tema se prestaba más a un tratamiento fantástico, la película es casi hiperrealista. Pienso que ese era el reto. Un reto “osado” que consistía en tratar un tema fuera de lo normal con un sentido muy realista, muy naturalista. Yo sé que la gente hubiera preferido un tratamiento mucho más misterioso, pero a mi me gusta sorprenderme y basta que un tema se preste a una manera de hacerse para que busque otro enfoque”, decía GA en una entrevista de la época y añadía: Un oso es un oso. El oso tenía una doble vertiente que me interesaba. Es un animal que expresa ferocidad, fortaleza y salvajismo, pero por otra parte es algo dulce y tierno. Los niños siempre tienen osos de peluche. Eso me gustaba”, explicaba GA.

En su siguiente película, La noche más hermosa, hay un personaje que encaja en las tres definiciones. Federico, el directivo de televisión, es solitario, aunque nunca esté solo en la imagen, porque no entiende a nadie de los que le rodean. Es extraño, porque es raro y singular, al menos en su apariencia, vestido casi toda la película con un pijama que de alguna manera delata su condición de soñador, de desplazado de la realidad que intenta comprender. La noche más hermosa es una película artificiosa, falsa, de decorados y luces de neón. Una historia donde nadie es lo que parece y todos están fuera de su sitio.

Ya hemos dicho antes que La mitad del cielo es una película importante. Por muchas cosas y una de ellas porque en este film fundamental encontramos un personaje que es y no es al mismo tiempo. Rosa es el primer personaje que es las tres cosas y sus antítesis. Es solitaria, pero está rodeada de gente y depende de la gente, especialmente de sus dos ayudantes inmutables, el limpiabotas y Ramiro, el guía que la conduce en el laberinto del mercado. También Rosa es el punto que une a la abuela fantasmagórica y a la nieta que ha heredado sus poderes. Ella es el nexo entre el pueblo y la ciudad a través de esas dos hermanas escapadas del cuento de la Cenicienta.
Rosa es extraña, nunca se ajusta a los comportamientos establecidos, pero busca la normalidad y la consigue. Vive entre el amor/devoción a Don Pedro, el jefe de abastos, un personaje, éste si solitario; el amor físico a José, el joven bueno en el que cree encontrar la normalidad imposible; y el odio a Delgado, el hombre que quiere dominarla. Rosa está desplazada de su lugar de origen, el pueblo, el bosque, el mito, pero consigue hacerse un sitio propio en medio de la ciudad, el mercado, el restaurante.

Malaventura, es con Maravillas, mi película favorita de GA. Es una película maldita que salió fuera de su tiempo, desplazada. En Malaventura hay cuatro seres solitarios que flotan en la noche sevillana tropezando entre sí, encontrándose, perdiéndose: Manuel, el chico que un día se queda mudo delante del dibujo de un plato; John, el inglés llegado del frío que no entiende que hace en esa Sevilla supuestamente luminosa, un personaje que tiene un extraño sentimiento de culpa y deambula como si no fuera de este mundo; el juez Alcántara, perdido sin su hija y perdido entre las calles y la música de la ciudad; y Rocío, la chica que los une a los tres: hija del juez, amor imposible de Manuel, enamorada de John. Toda la película es como un mandala de personajes extraños. Toda la historia está vivida desde la ensoñación y la melancolía de Manuel sumergido en una hipnosis de tristeza. “Estar triste en Sevilla es peor que estar ciego”, dice el juez Alcántara, un personaje tan triste como Manuel. Hay mucha gente en esta película. Las calles están llenas, los bares están llenos, pero está claro que se puede estar solo entre la multitud. Pensamos en Sevilla, explica Gutiérrez Aragón, porque necesitábamos una ciudad que fuera muy ritual, que se rigiera mucho por los ritos de las horas del día y por los ritos del calendario.

Tras el paréntesis de El Quijote, del que no vamos a hablar aquí porque ya ha habido una charla específica sobre ése tema, y separado profesionalmente de Luis Megino, GA emprende un camino nuevo. O no tan nuevo. Nuevo en cuanto a escenarios, una Galicia bucólica y luminosa, nuevo en cuanto a actores, menos Landa que venía del Quijote, todos son nuevos para él; nuevo en cuanto a historia, escrita en colaboración con Rafael Azcona. Esta película es en sí  misma una anomalía, una dualidad. Desde la propia estructura del guión contado dos veces con cambios que conducen a diferentes soluciones. Pero veamos si hay solitarios, extraños y desplazados. Si los hay y mucho. Cesar no es un solitario claro, es un solitario disfrazado. Hijo de dos madres, Carmen y Elisa, se mueve entre dos mujeres, su medio hermana, Ana, el mejor personaje de la película, una auténtica solitaria, una bruja hermosa y protectora y Elena, la novia sin personalidad. Está también entre dos hombres: su medio hermano Fernando, un solitario claro y su padre adoptivo, un Landa silencioso  que vive en su tristeza de un amor imposible. César es un extraño en ese espacio que no es el suyo donde no acaba de encontrar su sitio porque está desplazado, fuera de centro. “De algún modo, me identifico con César” dice GA. “Yo soy una persona que no me quiero enterar de las cosas, me dejo querer, es algo así como buscar la inocencia culpable”.

Cosas que dejé en La Habana es la primera del díptico cubano de GA. Rodada en un Madrid caluroso y veraniego, no hay en ella ni un solo personaje solitario. La soledad es un concepto muy difícil de encajar en un universo de inmigrantes que dependen todos unos de otros. Y más si estos inmigrantes son latinos de sangre caliente, ritmo de guaguancó y comidas picantes, como los cubanos. No hay solitarios ni extraños, bueno uno si, el extrañísimo personaje que hace Fernando Merino, especie de protector/explotador de Igor/Perugorria. Lo que si hay y muchos, son desplazados. Todos están desplazados, fuera de lugar. Y diría que además de desplazados, están trasplantados. Unos, como Igor o Violeta, intentan adaptarse al nuevo terreno, aunque no dejen de suspirar por esa Habana inventada, soñada más que real. Otros parece que se han integrado, la tía, pero en cambio crecen con deformaciones internas con heridas sin cerrar. Escrita con la colaboración de Senel Paz, GA se asoma por primera vez a un colectivo que le es muy ajeno, no hay nada personal en este film. A no ser, el lejano deseo de volver a sentir cerca algo de esa Cuba de sus antepasados que sigue latiendo en su sangre norteña. Otra de sus rarezas.

Aunque para rareza la que sería su siguiente película, Visionarios, la única escrita en solitario por él mismo, con la “colaboración” y lo pongo entre comillas de José, uno de los protagonistas que supuestamente le contó la historia. José nunca existió, pero la historia si. Las apariciones de la virgen en un pueblo perdido de Euskadi durante la república anunciando la catástrofe que se avecina, la guerra, le da pie a GA para contarnos un cuento de solitarios: Usua, la visionaria, José, el maestro; de extraños: los niños iluminados parecen abducidos por el alien virgen que solo ellos ven, y desplazados, Usua misma es una chica que viene de otro sitio, José pertenece a la ciudad, San Sebastián, no al pueblo. Visionarios es un ovni dentro de los ovnis que son casi todas sus películas.

Poco después de hacer este extraño cuento, GA volvió al Quijote pero esa película y ese personaje, como la serie que hizo sobre el caballero de la triste figura, no voy a hablar aquí. Si me corresponde hablar de la que sería su última participación en un festival internacional, el de Berlín, que cayó fascinado a los pies de las vacas y los campos de La vida que te espera. “Lo que no se habla se borra” afirma el personaje del padre que interpreta Juan Diego. Lo que no se habla, de nuevo el silencio de la mudita, se borra. En este film lleno de luz, de sensualidad y de leche, hay varios seres solitarios: el padre, sin duda, callado y protector; Val, la hija guapa, la hija que se sacrifica; Genia, la hija rebelde y sin embargo la mas sensata. Y desde luego Rai, el peluquero, protagonista de una de las secuencias más raras de todo su cine. Luis Tosar haciendo de peluquero es algo muy, muy raro. En cambio, no hay desplazados en este film donde todos saben cuál es su sitio y porqué están ahí. Ni extraños, a no ser la vaca Vanessa que necesita música oriental para dejarse ordeñar. Ella sí que es rara.

Una rosa de Francia es la única película que GA ha rodado fuera de España. En Cuba, en su Cuba ancestral y añorada desde el fondo de su alma. “Tenía ganas de oír hablar cubano, de sentir cubano. En Cuba reconocí olores, sabores, sonidos que tenía en mi memoria interna, placeres sensitivos”. Quizás por eso esta película está desplazada en si misma. La mirada de un norteño sobre la Cuba soleada no puede ser real ni verdadera, así que GA, con ayuda nuevamente de Senel Paz, se fija en una Cuba que ya no existe. Bueno si existe físicamente, porque la isla entera se quedó anclada en los años cincuenta, antes de la revolución. No hubo necesidad de construir decorados, bastaba poner la cámara en la calle y allí estaban los años cincuenta. Los protagonistas de este cuento caribeño son cuatro, los cuatro solitarios, los cuatro extraños, los cuatro desplazados: un capitán de barco que trafica con personas a las que asegura la tierra prometida, Estados Unidos; un joven aventurero que no tiene raíces ni compromisos; una adolescente hermosa que guarda su virginidad en una casa que es el cuarto personaje. Porque en esta Cuba inventada, la casa donde viven las chicas que no son putas, sino vírgenes a la espera de ser vendidas, se convierte en el cuarto personaje.

Queda solo una película para acabar el recorrido de los personajes solitarios, extraños y desplazados. Una película importante que cierra un ciclo de casi cuarenta años haciendo cine. Una película comprometida, valiente y arriesgada y por eso mismo desplazada y extraña. Es la confirmación de la soledad de GA en un cine español que no suele acercarse a los temas lacerantes de la actualidad política de nuestro país. Al menos no así. Historia de un dormido, el amnésico Josu Jon, que no recuerda haber matado a nadie; y de un paralizado, Xavier, el hombre amenazado, los dos solitarios en medio de la multitud. Historia de dos extraños entre los suyos: Josu Jon entre sus compañeros de lucha armada, y Xavier entre sus supuestos amigos de la cuadrilla de la sociedad gastronómica. Historia de dos desplazados. Josu Jon en el hospital; Xavier en la Universidad. Todos estamos invitados es una de esa películas que deberían revisarse para no olvidar que nuestro país ha vivido épocas y no tan lejanas en la que lo extraño era la vida normal.

He llegado al final de este recorrido y solo me queda aclarar que durante el mes que he pasado revisando sus películas, releyendo sus novelas, y sumergida en sus entrevistas, he acabado yo misma sintiéndome como uno de sus personajes: solitaria, era un trabajo que hacía sola; extraña, el resto del mundo me sonaba a raro y desplazada de la realidad que me rodeaba. Ahora, una vez terminado el texto espero volver a la normalidad, si es que eso existe.

Gracias por su atención
San Lorenzo del Escorial, 29 de junio, 2016